Fue Albert Einstein - uno de los pensadores más influyentes en el mundo contemporáneo- quien desde el mundo de la Física señalo que “la realidad no es más que una ilusión, si bien una muy persistente” y fue Kenichi Ohmae quien desde la perspectiva del Management indicó que la “intuición creativa es el real instrumento del estratega de éxito”. Ambos pensadores nos entregaron un mensaje muy presente en la mente de las escuelas de negocios más avanzadas del orbe que buscan formar hoy algo más que expertos en desarrollo de bien presentados planes estratégicos: estamos frente a un mundo empresarial que aguarda a ser re-creado en ciclos cada vez más cortos y discontinuos, y esa “ilusión de realidad” llevada a la práctica, requiere de ejecutivos y empresarios intuitivos, analíticos, creativos y sistemáticos.
El pensamiento estratégico podría describirse como la entrada natural de cualquier sistema de planificación estratégica, entendiendo éste como el proceso formalizado de crear una estrategia; visto así el pensamiento estratégico ha evolucionado en paralelo con los sistemas formales de planificación estratégica a lo largo de casi medio siglo en cuatro etapas. Analicémoslas:
1ª En los años ´50 y ´60 la planificación presupuestaria era el sistema formal que con técnicas de base contable y financiera se proyectaba a largo lazo y producía unos planes cuyo contenido era esencialmente numérico. 2ª En los años ´70 se produce la confluencia del sistema anterior con las teorías desarrolladas sobre la estrategia y surge la planificación estratégica. 3ª En los años ´80 surge la dirección estratégica que incorpora dos focos de atención: uno externo, el sector donde se compite, y otro interno, la necesidad de vincular la formulación de la estrategia a su implementación en la organización real. 4ª La velocidad de cambio del entorno y la complejidad conceptual obligan en los ´90 a replantear todo el proceso y dan lugar a un sistema que definitivamente quiebran las tendencias de los modelos anteriores de forma radical.
Fuente: Diario El Sur Columna de Opinión por Marcos Clark G.


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